¡Adiós a las armas!

El inicio de la transición hacia la paz en Guatemala quedó plasmado en Crónica. Un artículo que atinadamente abre con una frase que rezuma optimismo:

“No hay duda, la guerrilla ha cambiado de discurso y de acción política. Antes, la propaganda y la toma armada de poblaciones eran medios que utilizaban los alzados en armas para lanzar agrias críticas contra el Estado capitalista, el Gobierno y el Ejército. Pero ahora es otra la preocupación de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). La organización de los insurgentes inauguró una nueva vertiente política el 2 de julio…”

El cambio de postura también se reflejaba en la vecina nación mexicana, lugar de residencia del comandante de la ORPA, Rodrigo Asturias (Gaspar Ilom). El comandante, que todavía no caía en desgracia por un vergonzoso incidente de delincuencia organizada, expresó:

“…Habla con los periodistas de cómo y por qué la URNG se ha embarcado en el apoyo a las elecciones, un mecanismo de reproducción del sistema democrático que antes desdeñada y boicoteaba. Desmiente que esa organización se vaya a involucrar, en forma directa, en las próximas elecciones generales…”

Gaspar Ilom había declarado que la Comandancia General de la URNG quería dejar en claro que apoyaba el proceso electoral, mas no así a alguno de los candidatos presidenciales. A propósito de la declaración de Asturias se subraya un hecho interesante de la historia de las organizaciones revolucionarias:

“…En 1966, la guerrilla llamó a votar por Julio César Méndez Montenegro, presidenciable del Partido Revolucionario (PR). Sin embargo, pocos meses después de que éste asumiera la primera magistratura del país, la insurgencia experimentó una de las mayores ofensivas militares, que incluso, la llegó a diezmar…”

Más interesante resulta, con el interés de resaltar esas decisiones dogmáticas e incomprensibles que en su momento tomó la dirigencia revolucionaria, el llamado del Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT- a votar por el candidato de los militares en las elecciones de 1970, el coronel Carlos Arana Osorio, con la esperanza de que en la reputación de “El Chacal de Oriente”, la represión tuviera una escalada tal que al fin sucediera el soñado alzamiento general que la doctrina marxista-leninista predicaba. La historia no quiso satisfacer a los revolucionarios y la violencia diezmó, una vez más a las líneas de la guerrilla, eliminando los llamados “focos urbanos de resistencia.”

En fin que, para terminar la digresión y pedidas las correspondientes disculpas, la guerra parecía empezar su recta final. El tono conciliador de los comandantes guerrilleros bajaba la tensión de los años anteriores, en que la guerrilla había intensificado su “propaganda armada” y destrucción de infraestructura. La postura de la URNG en el escenario internacional, que había destacado como inflexible y de denuncia, ahora realizaba una gira por los países “amigos” europeos con el objetivo:

 “…de presentar la perspectiva de la URNG en torno al proceso de paz y el electoral, temas que interesan, por demás, a la comunidad internacional. Justo en los días en que, en la reunión entre Guatemala y los países donantes, las naciones nórdicas hacían un llamado a las dos partes en la negociación para que permitieran a la sociedad civil participar en los comicios…”

Muchos años después, en una entrevista en Prensa Libre, Gustavo Porras (el Sholón), a propósito del apoyo a los comicios electorales, confesó que el timonazo se debió a que la dirigencia guerrillera comprendió que si no suavizaban su postura se corría el riesgo que en las elecciones resultara electo el general Ríos Montt, y esto traía nubarrones amenazantes de otra ofensiva militar que los borrara del mapa político. Lo demás, amigos lectores, es historia.

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