El necesario ejercicio de la crítica histórica.

Con ocasión de conmemorarse los 50 años de la Revolución de Octubre de 1944, Crónica regaló a sus suscriptores un número especial, titulado “Revolución 1944-1994″, con una colección de ensayos históricos de plumas invitadas de personalidades académicas como Francisco Albizurez Palma (recién fallecido), Augusto Cazali Ávila, Fernando González Davison, Jorge Luján Muñoz y Antonio Móbil entre otros.

El especial, bellamente ilustrado con fotografías de la época realiza un recorrido por los hechos de la Revolución y sus consecuencias políticas, enfocándose principalmente en la venida a llamar “Primavera Democrática”, que abarca los gobiernos del doctor Juan José Arévalo y del coronel Jacobo Árbenz Guzmán.

Esta edición especial causó un impacto interesante que recién hace unos años ha empezado a dar sus frutos, pues al momento de publicarse y regalarse a los suscriptores, uno de ellos decidió comentar las inexactitudes y los lugares comunes a los que se recurría una y otra vez, confundiendo la historiografía con la propaganda y la ideología, escapándose del análisis sistemático y serio de los hechos, en búsqueda de una verdad sobre la cual partir para realizar una necesaria, pero imparcial, valoración de los hechos sucedidos a raíz del derrocamiento del general Federico Ponce Vaides.

Quien procedió a esta crítica sistemática fue el historiador Ramiro Ordóñez Jonama, fallecido en el recién pasado mes de septiembre. Desde las páginas del diario vespertino La Hora, fue desgranando todos y cada uno de los ensayos contenidos en el especial de Crónica, bajo el irónico título “La Revolución de Crónica”, y fue señalando las inconsistencias, las contradicciones y abiertas mentiras (que a fuerza de ser repetidas la gente cree que son contundentes verdades) apuntadas por las plumas invitadas. Debo decir que tanto el ejercicio de Crónica como de don Ramiro eran esfuerzos válidos. El de la primera, por tratar de crear un amplio fresco de los hechos, invitando a varios intelectuales y artistas para que participaran en ese ejercicio, buscando la multiplicidad de ópticas, y el del segundo, tratando de desentrañar toda esa bruma creada a raíz de la mitificación de los hechos y la canonización de sus protagonistas, en un ejercicio a veces doloroso por buscar la verdad. Es el ejercicio que proponía Mario Vargas Llosa: el del deicidio, de acuerdo al cuál, el escritor encuentra su propia libertad creatriva en el asesinato de sus referentes literarios. En el caso de Guatemala, del asesinato de las “vacas sagradas” de los hechos históricos irá surgiendo poco a poco la verdadera historia, la que está llena de egoísmos y rivalidades, de antagonismos violentos y de mezquindades. La dura historia, pero la verdadera.

En el caso de la revolución francesa, los hechos siguen sujetos al estudio crudo de historiadores des-ideologizados que tratan de enfocarse en los puros hechos en búsqueda de la verdad, si es que es posible alcanzarla a tantos años de distancia. De este ejercicio han surgido monumentos históricos como el de Simon Schama, Citizens, que es una contundente reconstrucción de una época de violencia y el de Jay Winik, The Great Upheaval, en el que se ocupa de las grandes luchas internas de los motores individuales de la historia. Ejercicios que es necesario imitemos nosotros para nuestra historia, si nos queremos liberar de las manipulaciones maniqueas y del populismo burdo que se esconde en los lugares comunes que vemos repetidos todos los 20 de octubre en los diarios y demás medios de comunicación.

Por ello, y como primer paso dado en esa dirección, recomiendo en esta ocasión la lectura del suplemento de Crónica, dedicado a la Revolución de Octubre, incluido en la colección digital al final del año 1994, en paralelo con el libro Un sueño de primavera, de Ramiro Ordóñez Jonama. Ambas lecturas serán un interesante ejercicio de crítica, pues éste historiador reunió todos los artículos de “La Revolución de Crónica”, y otra serie dedicada a desmitificar a la “Primavera Democrática”, en el volumen ya citado. Es necesario apuntar que como el historiador era miembro de la Academia de Geografía e Historia desde 1993 y de otras varias de la América del Sur y de España, su libro viene soportado de todo un aparato de investigación, bibliográfico, hemerográfico y de archivo, pero sin que por ello la lectura deje de ser amena y a veces divertida, dado el hábil uso de la ironía y del humor ácido de su autor.

Para que poco a poco vayamos acercándonos a la verdad, atreviéndonos a criticar y a repensar nuestros hechos históricos recomiendo encarecidamente el ejercicio, que también puede sumarse a la lectura de otros tomos útiles para comprender el contexto y desarrollo de la revolución y hechos posteriores, tales como el de Piero Gleijeses, La esperanza rota, en una muy buena edición que realizó la Editorial Universitaria de la USAC, los dos tomos de Guatemala, la historia silenciada de Carlos Sabino, editado por el Fondo de Cultura Económica y los dos tomos bien documentados y bien editados por FLACSO de la Biografía política de Guatemala, del desaparecido académico Francisco Villagrán Kramer. Quedan convidados…

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