Irak, otra vez…

Para quien ha estado pendiente de las noticias, que se salen del estrecho cerco mediático alrededor del Mundial de Fútbol, se habrá enterado que la estabilidad del Medio Oriente se encuentra en entredicho, otra vez.

No se trata del eterno conflicto árabe-israelí o la guerra civil siria, sino ahora se trata del surgimiento de una amenaza radical integrista que pugna por hacerse un espacio en la región bajo la sombra de la bandera negra del islam sunita, la variante mayoritaria de dicha religión, pero que es minoritaria justo en donde lucha por ocupar un espacio.

El Ejército Islámico de Irak y el levante (ISIS por las siglas en inglés, más conocidas por la cobertura de CNN, BBC y Al-Jazeera) ha surgido de los despojos que de Irak dejaron los Estados Unidos. Luego de desocupar al fragmentado país y entregarlo a las autoridades locales, mal preparadas para el reto de reconstruir un país con tres fracciones distintas (chiítas al sur, sunitas al centro y kurdos al norte), se enfrentaron en una guerra civil las facciones sunitas y chiítas. Guerra que terminó gracias a la estrategia de incrementar tropas, encabezada por el general retirado David Petraeus, y el pacto de cese al fuego que se logró con el lider radical chiíta Muktada Al-Sadr.

Pero, ¿cómo empezó el drama iraquí? ¿Cómo llegaron a este estado las cosas, si antes Irak era un ejemplo de estabilidad y modernización en una región políticamente disfuncional? Pues en los archivos de la revista Crónica se pueden encontrar algunas respuestas para ir reconstruyendo el doloroso devenir de la república de Irak al caos actual.

La revista publicó un artículo de portada, “Los peligros que se avecinan con la guerra”, en el que se analiza la delicada situación que enfrentaban las fuerzas aliadas, encabezadas por los Estados Unidos, ante la invasión de Kuwait por parte de las fuerzas del ejército iraquí y sus posibles consecuencias económicas.

El artículo arranca con estas líneas:

“La reiterada afirmación del presidente Bush y el Pentágono de que la Guerra del Golfo marcha ‘on schedule’, es decir, de acuerdo con el calendario previsto, es la prueba más evidente de que la prolongación del conflicto supone un grave motivo de ansiedad, no sólo para los Estados Unidos, sino también para la economía del mundo. Tras una euforia inicial poco justificada, la guerra ha entrado en su segunda semana, marcada por la inquietud en los mercados y las reflexiones de los analistas acerca de quién va a pagar este conflicto y cuál va a ser su costo económico y social…”

Gracias a los casi 25 años que nos separa de esta publicación, sabemos que quien pagó el costo económico y social fue en primera instancia la población iraquí, y en segunda, la totalidad de la población de Medio Oriente. Pues si bien en enero de 1991 estallaba la “Primera Guerra del Golfo”, que terminó con el descalabro total del ejército iraquí gracias a la superioridad militar de las fuerzas aliadas, los Estados Unidos no derrocaron a Saddam Hussein sino que “aislaron” su régimen de terror.

Esta indecisión es la que se paga actualmente con violencia e inestabilidad, pues los chiítas del sur, quienes creyeron las promesas de los Estados Unidos de apoyar el derrocamiento del dictador, protagonizaron una rebelión en contra de Hussein durante 1991 y luego en 1992. Estos levantamientos provocaron una réplica militar violentísima por parte del tirano, de la que aún se ignora el número verdadero de víctimas mortales. Esta traición es la causante del rompimiento de las relaciones amistosas entre chiitas y los Estados Unidos y el acercamiento de los primeros hacia ese archienemigo estadounidense, Irán. La consecuencia concreta fue que la facción chiíta iraquí, apoyada por Teherán, se levantó totalizadora y vengativa sobre la minoría sunita, aislándolos por completo del poder, ignorados por Nuri al-Maliki y toda la clase política iraquí surgida tras la retirada estadounidense. Lejos del apoyo americano, los sunitas tuvieron que buscar mediante la violencia el espacio político para defenderse de los chiítas, y de allí el fortalecimiento de ISIS, que no es más que la agrupación Al-Qaeda/Irak, rebautizada luego de la muerte de su lider Abu Mussad Al-Zarkawi a manos de un ataque aéreo de EEUU en Bagdad, y alimentada por veteranos árabes de toda la región que se han fogueado en los campos de batalla de Aleppo y Damasco.

Revisar las páginas de los números de la revista Crónica de los años 1990, 1991 y 1992 es un buen ejercicio para quien desee reconstruir esos primeros pasos que condujeron al caos actual. Que no sólo prepararon la “Segunda Guerra del Golfo”, en marzo de 2003, sino que también han conducido a los más recientes acontecimientos en dicha zona: la fundación de la república del Kurdistán, premiada con la zona petrolera de Kirkuk, y la proclamación del Califato Suní en Siria e Irak que pretende borrar esas fronteras trazadas antojadizamente hace casi cien años.

Como cada hecho tiene su antecedente, los artículos de Crónica son útiles para comprender ese rompecabezas actual que es Irak.

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