La larga historia de la “cleptocracia” en Guatemala.

No hay nada nuevo bajo el sol, cantaba el rey Salomón, y menos cuando a asuntos de política nos referimos. Hoy nos asustan y nos indignas las maquinaciones y manipulaciones del sistema democrático que pareciera inventan nuestros políticos. Nos indigna que la vicepresidenta se compre un helicóptero o una mansión rodeada de una gran finca. Pero revisando publicaciones del pasado, pareciera que la liberalidad en el gasto público es una constante de nuestra ya no tan joven democracia.

Leyendo números pasados de Crónica, siento la tentación de definir a estos 30 años de vida democrática que estará señalando el país el próximo año, podría resumirse en una larga práctica de “cleptocracia”, aderezada con luchas por parte de los ciudadanos para preservar sus libertades frente a los tiranuelos de turno, que se apelliden Arzú, Serrano Elías o Pérez Molina, han querido limitar, inventándose leyes mordaza o la novedad, una ley de control de medios sociales informáticos. Afortunadamente, estos intentos han resultado vanos, logrando al menos preservar nuestras libertades, pero enfrentados al secuestro sistemático de las instituciones por grupos poderosos, tradicionales primero y ahora siendo sustituidos a paso veloz, por el crimen organizado.

De la democracia del robo da cuenta un interesante artículo de Crónica titulado “La historia oficial de algunos de los gastos de Cerezo en la Presidencia“, cuyo párrafo introductorio era ya una denuncia contundente a una práctica que ha devenido en aceptada por una población permisiva, aburrida de los asuntos de la República, que cree cada vez más que la política es un asunto sucio, para corruptos y no una cosa de interés para la generalidad de los ciudadanos. Arrancaba el artículo:

“…la Presidencia convirtió el Ministerio de Finanzas en una caja chica, de la cual el mandatario sacaba millones de quetzales para ser gastados en viajes, regalos y obras fastuosas en las residencias oficiales. El derroche que caracterizó ese período contrasta con el empobrecimiento de un 80 por ciento de la población guatemalteca.” 

El artículo definía a la administración de Vinicio Cerezo tal y como podríamos describir sin dificultad a la actual administración presidencial: “…marcada por el desembolso sin tino y el derroche. Viajes, regalos, obras fastuosas en las casas presidenciales, ayudas millonarias, extrañas inversiones y otros dispendios de diversa cuantía, justo en un período en que el país se empobrecía a marchas forzadas.” 

Personalmente recuerdo la indignación que causó el asunto que develó la prensa sobre la compra de un yate, al que se bautizó “Odiseo”, por parte del presidente Cerezo. Para quien tenga mi edad y haya leído los periódicos del momento podrá recordar con facilidad y con risa las caricaturas del humorista político que firmaba como Filóchofo, que en adelante representó a Cerezo jalando un yatecito de juguete, como una presencia constante denunciando la corrupción de su gobierno. Sin embargo, veo con preocupación cómo nadie se indignó cuando en la prensa se publicó que para el cumpleaños de Pérez Molina, celebrado el segundo año de gobierno, los diputados y amigos del presidente le regalaron una motocicleta y un yate. El asunto no causó mayor comentario, pese a que grafica, con toda su crudeza, el secuestro de la institucionalidad.

Recuerdo también, el revuelo que causó la prensa cuando publicó los montos de los famosos “gastos confidenciales”, adscritos a la presidencia durante la gestión de Serrano Elías, que corrió a encubrirlos como “gastos discrecionales”, que si bien siguieron existiendo, ya no eran ese pozo sin fondo al que metió mano Cerezo y el propio Serrano. Estos gastos salían a relucir cada vez que el presidente hacía algún viaje al extranjero. Renglón en el que Pérez Molina no pudo meter mucha mano dado que la crisis económica del 2008 ha obligado a la sobriedad del gasto público y los gastos en general se han visto reducidos considerablemente, y pese a ello su gestión ha cometido torpezas que rayan con la insolencia, cuando Baldetti afirmó que viajar a Europa era más barato que viajar a Tikal. Éste presidente ha viajado menos que Colom, y éste viajó menos que Cerezo:

“Durante el quinquenio anterior, las salidas del Presidente al extranjero estuvieron siempre en la mira de la opinión pública, a causa de los elevados gastos que se suponía significaban para el erario público. Hoy, finalmente, puede saberse el monto de algunos de estos viajes, así como la tortuosa forma de presupuestar y financiar algunos de ellos.”

En Crónica se le dio amplia cobertura al tema de los viajes, ocupando un espacio grande del artículo, pero también se ocuparon de los viajes de la Primera Dama.  En esa ocasión, se denunciaba:

“En enero de ese año [1988], Raquel Blandón es invitada a asistir a Nueva York a la inauguración de la Asamblea de las Naciones Unidas, cosa que la Primera Dama acepta, pero requiriendo para el viaje la suma de Q. 150,803 a la Presidencia de la República. Y semanas después de que ha regresado de Nueva York hace de nuevo las valijas y toma otro avión con destino a América del Sur, un viaje que costará al Estado la suma de Q. 626,868.”

El tema ahora es más oscuro que en tiempos de Cerezo, partiendo de los años en que Berger pedía “jalón” a otros mandatarios para asistir a las Cumbres presidenciales o Colom, que aceptaba el “favor” de la empresa del gas Tomza, que patrocinó sus cuatro años de viajes presidenciales en los jets de la compañía. El origen del dinero que se gastan los hijos de la vicepresidenta en sus viajes es más difícil de identificar por la sencilla razón que las formas de meterle mano al presupuesto se han sofisticado. Los negocios paralelos o los pagos por favores parece ser la tendencia en boga para no tocar propiamente el fondo público, sino “re-direccionarlo” por otras vías para sus bolsillos.

El articulo de Crónica nos recuerda que los problemas de la democracia siguen siendo los mismos, ahora más complicados por el aparecimiento de más actores, pero que las amenazas a los derechos de los ciudadanos ya no vienen vestidas en uniforme camuflado, sino que se visten de traje y corbata, o bien, vienen vestidas de botas vaqueras y pantalones de lona…

Un pensamiento en “La larga historia de la “cleptocracia” en Guatemala.

  1. La política no deja de ser un reflejo de lo que es nuestra sociedad. Como en todos los campos, trabajos, países… hay personas trabajadoras, vagas, humildes, egocéntricas, corruptas…

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