La paz y sus imperfecciones.

La colección digitalizada de la revista Crónica tiene una virtud innegable: es una formidable oportunidad para comprender a la Guatemala de hoy. Crónica se publicó durante un largo período, en el cual el país cruzó de una guerra jurásica, herencia de la Guerra Fría, hasta un complicado panorama de paz.

Sería un error pensar que las cosas sucedieron a ciegas o que surgieron problemas de la nada. De la revisión superficial de la revista uno tiene la percepción de que la historia se ha ido desarrollando lentamente pero ante nuestros propios ojos. Un ejemplo: la trama del narcotráfico que surgió como un tema candente desde la época del extraño asesinato del Michael Devine en las cercanías de la base militar de Poptún, hasta las acusaciones directas de oficiales del ejército y del propio gabinete del presidente Cerezo de estar involucrados en el negocio.

El espinoso tema de la paz es también posible seguirlo desde sus páginas. Para ello, resulta interesante el número “Regalo de Navidad, Paz” publicado una semana antes de la famosa firma de la paz firme y duradera la noche del 29 de diciembre de 1996.

Llama la atención que el artículo central de la revista, pese que anunciab el gran acontecimiento de la firma de la paz luego de 36 años de guerra, no resulta tan optimista como uno pudiera esperar.

“El contraste es significativo. La ruta europea de los últimos tres acuerdos fue un éxito rotundo para las dos partes involucradas en el conflicto armado. Sin embargo, los familiares de las víctimas de la guerra sucia han recibido con recelo el obsequio navideño de la paz firme y duradera porque consideran que, al cabo de los 36 años de sufrimientos, no encontrarán respuesta a sus reclamos de justicia.” 

Se tiene la percepción de que el proceso de paz era ajeno al grueso de la población que en realidad sólo miraba de lejos un proceso eminentemente político, en el que sus posiciones no tenían cabida a pesar que muchos de los ciudadanos tenían familiares que lamentar o historias personales que superar.

El proceso de la paz tiene sus dolorosas aristas, que explican en parte el por qué la historia de la posguerra guatemalteca ha sido tan violenta y tan llena de conflicto. Mucho se ha escrito sobre ello pero lastimosamente poco se ha leído, y mucho menos discutido. De los enredos de las negociaciones y sus frustrantes momentos contamos con la crónica que nos dejara la desaparecida Teresa de Zarco, quien participó en dichas rondas de negociación y dejó, para nuestra alegría, “La culebra en la corbata”. Algo cuenta también Gustavo Porras con su característica cautela en “Las huellas de Guatemala”, pero nos priva de detalles interesantes que parcialmente levanta Roddy Brett en “Movimiento popular, etnicidad y democratización en Guatemala 1985-1996″, en donde aporta información sobre ciertas organizaciones sociales que pertenecían y obedecían a la guerrilla guatemalteca y ejercieron presión para imponer ciertas agendas.

Podemos decir que Crónica nos presenta la acción en tiempo real, pero la bibliografía publicada posteriormente nos aporta el trasfondo que esas bambalinas de la inmediatez de los sucesos no permitía percibir, y mucho menos entender. Ahora contamos, por ejemplo, con interesantes entrevistas del entonces presidente Álvaro Arzú, publicadas en el periódico Siglo Veintiuno en distintas fechas (carezco de la referencia exacta, pues escribo estas líneas de memoria) en las que el ex mandatario denunció, por ejemplo, que en dado momento tuvo que apurar el proceso de paz para evitar que la URNG (militarmente derrotada desde 1983) degenerara en una narcoguerrilla como las FARC en Colombia, o bien que la Iglesia Católica trató de retrasar la firma de la paz.

Estos entretelones no aparecen en las páginas de Crónica que, en cambio, sí nos traslada el pulso político del momento, los sentimientos que se vivían y cómo se estaba recibiendo la noticia en los distintos sectores de la población, de que al fin terminaría un enfrentamiento armado que si bien se había logrado contener a una mínima expresión, seguía sirviendo de justificación para un desproporcionado poder en manos de las fuerzas armadas.

“…el gobierno de Álvaro Arzú y la comandancia general de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) se aprestan a fundirse en un abrazo para darle la bienvenida a 1997, como el año de la pacificación y de la reconciliación.”

La inmediatez de la noticia en sus páginas tiene su valor. Vale la información que nos transmite, que por el detalle acucioso de una publicación semanal se pierde regularmente en otro tipo de publicaciones posteriores. Así nos traslada un interesante panorama que huele al día de ayer:

“Pocos sabían de las intensas sesiones de trabajo que las dos partes habían tenido en el Palacio de Viana y que se prolongaron hasta la una de la madrugada de ese día (12 de diciembre de 1996). El acuerdo había sido terminado al vapor y bajo la presión externa porque no se podía retrasar el calendario programado. Los principales puntos que provocaron la extensión de las discusiones entre el Gobierno y la insurgencia fueron precisamente los que propiciaría el posterior terremoto de críticas en Guatemala: hasta dónde llegaría la amplitud de la amnistía a los militares y a los guerrilleros y el eufemismo a utilizarse para presentar la figura jurídica ante los guatemaltecos.”

Este es un tema que más de una década después volvería a levantar irritación en la epidermis nacional cuando se decidió llevar a juicio al general Ríos Montt acusado de Genocidio. Con la perspectiva que permite el paso del tiempo, uno puede comprender, sin tener que afiliarse a ninguno de los bandos, el origen del perdón que se otorgaron ambos contendientes de la guerra. El alcance de la amnistía la explicaba el negociador del gobierno Gustavo Porras, ex militante del EGP durante la reunión del 12 de diciembre de 1996 en Madrid, en estos términos: “En el aspecto jurídico, significa un trato equitativo para todos aquellos que estuvieron directamente involucrados en el enfrentamiento armado interno, atacando o defendiendo la institucionalidad del Estado.”frase que explica que, al momento de negociarse la paz, la guerrilla aceptaba haber atacado la institucionalidad del Estado, y por lo tanto ser objetos de persecución penal en algún momento.

Los tiempos cambiaron y los discursos de la posguerra quisieron convertir el tema del conflicto armado interno en una historia romántica a lo Robin Hood, pero que cualquier ciudadano responsable puede recuperar en su justa dimensión al ahondar un poco en estos años. Por ejemplo, el caso del secuestro de la señora Novella a pocos días de la misma firma de la paz, cuya trama fue desnudada por las fuerzas de seguridad de Guatemala y que terminó con la expulsión del comandante Gaspar Ilom (Rodrigo Asturias) de la ceremonia de la paz.

Crónica permite corregir los errores de la percepción, del discurso asimilado, de la corriente mayoritaria. Pero exige el esfuerzo de investigar y de leer con criterio crítico los hechos recientes de nuestra historia patria. Tremendo obsequio.

 

 

 

 

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