Lo que se nos venía

En Crónica se pronosticaba lo que se nos venía. Basta con revisar las portadas para darse cuenta cómo el tema de la guerra y de la política se iba desplazando por el tema de la droga. Una de esas portadas anunciaba el nacimiento y muerte del primer “capo” nacional, Édgar Gálvez Peña.

El artículo arranca describiendo a un hombre de mucho dinero surgido de la nada. Le gustaba venderse como un self-made man: “…negocios de acero, construcción, bienes raíces, lencería, exportaciones. Había fundado un banco y era socio importante de otros. Se decía militarista, melómano y gran lector. Y aseguraba trabajar sin descanso y saber aprovecharse de las oportunidades…”

Pero Gálvez Peña parecía esconder un secreto. Nadie se explicaba su meteórico ascenso. Mansiones, aviones, helicópteros. ¿De dónde había surgido éste hombre otrora discreto y de hablar bajo? “…se dijo entonces que era contrabandista de armas y uno de los capos del narcotráfico (…) nadie se atrevía a señalar públicamente a un hombre que inspiraba temor…” Y nuestra sociedad atinó, como la mayoría de las veces.

“Finalmente, hace poco más de un año, el Baltimore Sun publicó una nota en que se le acusaba abiertamente de lo que hasta entonces se había dicho en voz baja. La Embajada de Estados Unidos le retiró la visa y Edgar Gálvez saltó a la palestra dispuesto a refutar la acusación. El magnate se mostró a los medios como un hombre de modales suaves, voz tranquila y vestimenta refinada. Más que un tycoon o un magnate, su aspecto era el de un impecable vendedor de seguros…”

Se calcula que su riqueza rondaba los $500 millones. Era el dueño de dos partidos, el PRI y el Partido Feminista, y era financista de la Democracia Cristiana. El vasto ejército de guardaespaldas que cuidaban su residencia de 7 manzanas en Santa Catarina Pinula, en cuyas paredes colgaban cuadros de Fernando Botero y de Humberto Garavito, y la flotilla de carros blindados, hicieron levantar las cejas a más de un ciudadano. Las gotas que derramaron el vaso fueron su anuncio de participar como candidato presidencial y el intento de constitución de un banco:

“Pero de todas las empresas en las que tenía invertidos sus millones, quizá el asunto que más le preocupaba era el polémico Banco Imperial. Desde que se promovió la autorización de dicha entidad ante la Junta Monetaria, corrieron insistentes rumores de que Gálvez lo utilizaría para lavar dinero.”

La segunda mitad de los años ochenta había sido el lustro en que los carteles de Medellín y de Cali empezaron a extender sus redes de avanzada por Centroamérica. EEUU había logrado cerrar la ruta de la droga del Mar Caribe instalando bases de radar y complicando el viaje a las avionetas colombianas. La solución fue utilizar el puente terrestre de América Central. Iniciaba con las inmensas bodegas que prestaba la Panamá de Noriega y terminaba en Guatemala en donde se contrataba a los grupos locales de militares, guerrilleros y comisionados militares para transportar la droga hacia México. De alguna forma, Gálvez se insertó en este esquema. Aunque él justificaba su fortuna en venderle materiales de construcción al gobierno luego del terremoto de 1976, ya para 1985, la Embajada de los EEUU había recomendado su inclusión en la lista de sospechosos vinculados con el narcotráfico.

El sábado 13 de junio de 1992, viajó en helicóptero hacia su finca Holanda, a quince kilómetros deCobán, para asistir a un almuerzo. Luego de haber aterrizado el helicóptero, el magnate caminó a la parte trasera de su Hell Jet Ranger para revisarle la batería, al momento de levantar la portezuela metálica una bala 30.06 mm le entró por la axila, evitando su chaleco antibalas, y le destrozó el corazón. Cuatro balas más fallaron su blanco, todas de distinto calibre. Testigos hablaron de cuatro sujetos merodeando el helipuerto minutos antes de su llegada, uno de ellos con traje completo de camuflaje. Luego de los disparos, los hombres desaparecieron.

La precisión del disparo hizo sospechar a las autoridades que inicialmente hablaron de un atentado de sus enemigos. Posteriormente, se habló que la precisión milimétrica del disparo era el trabajo de un profesional altamente entrenado. Cuando se empezó a hablar de que la DEA era la autora del atentado, Gálvez Peña empezó su camino de regreso al olvido.

Un pensamiento en “Lo que se nos venía

  1. Respetables señores de Crónica, les dejo este comentario. Antes de ello los felicito enormemente por publicar los temas de interés de los años 90. Ya que Crónica, la de aquellos años era la mejor y mas objetiva revista de Guatemala en análisis político de Guatemala.
    Sin embargo están equivocados con la linea de este artículo y les haré ver la razón. Ustedes señalan a Edgar Fernando Gálvez Peña como el primer capo nacional, sin embargo el no fue narcotraficante. Al menos cuando se le conoció. ¿Por qué digo esto? Para entenderlo viajemos por el tiempo a 1982, específicamente al 23 de marzo.
    Esa fecha depusieron al General Romeo Lucas García, en ese tiempo existía un conflicto armado interno. Al momento en que depusieron a Lucas, y entró Ríos Montt, este solo se dedicó de lleno a acabar a los guerrilleros y descuidó todo lo demás. Bueno o malo que acabara con los guerrilleros, en ese momento los narcotraficantes aprovecharon para ganar terreno y así lo hicieron, aprovecharon el caos institucional y empezaron a traficar de forma cómoda, ya que antes eran asesinados o bien decomisaban los cargamentos. Con el caos y el espacio, estos delincuentes aprovecharon el momento. Con el pasar de los años los narcos empezaron a ganar relevancia y a meterse a la sociedad hasta el estado en el que están hoy en día. En los 80 y 90 era poco aceptado el narco y nadie se atrevía a lavar dinero, a diferencia de hoy. En esos años salieron nombres como Arnoldo Vargas o Waldemar Lorenzana, todos de Zacapa. No olvidemos que antes se relacionaba en la capital a zacapaneco con dinero a narco.

    Entonces de la noche a la mañana surge Edgar Galvez Peña, el tipo hizo una fortuna inimaginable, sin embargo NO ERA NARCOTRAFICANTE. Edgar Galvez comenzaba a tomar relevancia y a ser conocidisimo, sacó artículos con su fotruna y quiso fundar su propio banco, sin embargo no lo dejaron por su mala fama. Poco tiempo después fue asesinado.

    Galvez Peña lejos de ser capo de la droga era el mayor lavador de dinero de Guatemala, a el jamás se le relacionó con ningún cartel en el tráfico de drogas como a todos los demás capos. Edgar Galvez amasó su fortuna lavandole el dinero a todos los capos de Guatemala y a los colombianos. Sin embargo este sujeto cometió el error de su vida, salir en portadas y que todos vieran su fortuna, ya que eso provocó que lo pusieran en la mira y lo investigaran. Si lo investigaban a fondo iban a darse cuenta a quienes les lavaba el dinero e iba a hacer caer a los narcotraficantes, por lo que le advirtieron que no debía de llamar la atención, sin embargo Galvez siguió ganando fama hasta que se hicieron grandes reportajes. Como se menciona en el artículo de Crónica el mencionó que iba a ser asesinado por sus enemigos, y estos fueron los narcos colombianos quienes se cansaron de su show que los ponía en peligro y decidieron darle muerte.

    Galvez quería poner su banco, el Banco Imperial para lavar cómodamente el dinero, sin embargo su sed de fama hizo que lo enviaran a la tumba. Se volvió incómodo para la gente poderosa en el crimen organizado.

    Por esa razón a Galvez jamás se le mencionó con ser el capo de ningún cartel, por tal razón el salía en todos los medios de comunicación, sin miedo a que le vieran la cara como a todos los narcos, y por esa razón quería tener su propio banco, ya que las cantidades de dinero provenientes de Colombia e internamente de Guatemala crecían exponencialmente y se le estaba dificultando seguir realizando su labor.

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