Los estertores de la guerra: Guatemala, 1992 (Segunda parte).

Se suma a la inconsistencia del idioma que hablaba Efraín Bámaca, las circunstancias poco claras de su matrimonio, pues según se consignó en Crónica, la supuesta esposa del comandante guerrillero “…se niega a dar detalles de la forma en que se llevaron a cabo sus nupcias.”

Tampoco queda claro: “…la manera utilizada por Bámaca para cruzar la frontera o la naturaleza de los documentos con los que debió identificarse ante la corte. Las autoridades norteamericanas, sin embargo, aseguran que Bámaca no ingresó a Estados Unidos ni se presentó al registro civil de Texas, en donde ésos no son requisitos para obtener un certificado de matrimonio.”

Según Harbury, las exigencias de la guerra sólo permitieron al comandante Everardo quedarse a su lado unos pocos días, debiendo regresar a las faldas del Tajumulco a retomar sus obligaciones. La última vez que Harbury supo de él fue por una carta fechada el 14 de enero de 1992. Según información recogida por los periodistas y confirmada de forma autónoma por mí en unos cables desclasificados de la CIA, Everardo fue capturado por el ejército de Guatemala el día 12 de marzo de 1992.

Aquí otra inconsistencia salta a la vista. Mientras que en el artículo de Crónica se afirma que Everardo cayó herido en un combate a orillas del río Ixcucuá, cerca de Nuevo San Carlos, Retalhuleu, el cable CIA-288388 marcado “SECRETO” de fecha 18 de marzo de 1992, desclasificado por la misma agencia en agosto de 1998, afirma: “The guerrilla commander was caught in an ambush near San Marcos, San Marcos department.”. Mientras que las fuentes consultadas dentro del ejército por Crónica afirmaban: “…después de la escaramuza, sus tropas habían descubierto un cadáver, con uniforme verde olivo y un rifle, en las inmediaciones del río.”, el cable de la CIA afirma: “Although lightly wounded in the arm, he is in good physical condition, is being well treated by the army, and has been cooperating fully with his captors. The news of his capture has not been publicized.” Podemos deducir que la inteligencia militar del ejército de Guatemala seguía teniendo estrechas relaciones con la agencia de inteligencia civil de los EEUU, y que el agente de campo de la CIA en Guatemala contaba con informe de primera mano, que le permitían informar a sus superiores de todas las circunstancias sucedidas, apenas 6 días después de sucedidos los hechos.

Otra muestra del alto grado de eficiencia de la inteligencia militar se refleja en otra cita tomada del artículo: “…‘El ejército cuenta con medios suficientes para reconocer a la mayoría de nuestros combatientes, especialmente si se trata de un jefe guerrillero’, aseguró Francisco Villagrán, miembro de la comisión político-diplomática de la guerrilla…”

La trama del caso del comandante Everardo se complicó cuando, a solicitud de la comisión político-diplomática de la guerrilla, la PDH se involucró en las pesquisas solicitando la exhumación del supuesto guerrillero, enterrado como XX en el cementerio de Retalhuleu. Según esta diligencia, surgieron otras contradicciones:

El reporte del Juez de Paz y el parte policíaco no coincidían con el informe forense. El primero describía, como lo había hecho la carta de De León, a un hombre de treinta años, 1.60 metros, de complexión fuerte, cara redonda, frente amplia, nariz chata, cejas pobladas y bigote rasurado, que vestía un calzoncillo con rayas azules y mostraba heridas de proyectil en el tórax y el cráneo. En cambio, el informe de la autopsia describía a un hombre de 25 años, con 1.55 metros de estatura, ojos achinados y bigote ralo, que vestía un calzoncillo blanco con rayas azules. Según el reporte forense, el occiso presentaba el cráneo destrozado, una herida de 2 centímetros de ancho alrededor del cuello y golpes en el cuerpo.”

Se trataba claramente de dos hombres. Uno, reportado como desaparecido luego de una emboscada, y el segundo, el cadáver presentado como evidencia del combate. La exhumación se realizó el 17 de agosto de ese año, y el médico forense que la practicó desestimó totalmente que se tratara de Bámaca, ya que el cadáver carecía de dos coronas en la dentadura, las que sí tenía el guerrillero.

El caso pareció caer en el olvido, enredado en inconsistencias y mutuas acusaciones, hasta que en 1993, Santiago Cabrera, ex combatiente de la ORPA, denunció que Efraín Bámaca y otros guerrilleros permanecían como prisioneros del ejército en bases militares. Este exmilitante afirmó haber sido: “…capturado por las fuerzas armadas en 1991, torturado y mantenido en cautiverio hasta que se fugó de la base militar. En su testimonio aseguró que, en marzo de 1992, había visto a Bámaca con vida, atado a una silla de metal, el puesto avanzado de combate de Santa Ana Berlín, Coatepeque.”

La denuncia de Cabrera fue respaldada meses después por otro excombatiente de la ORPA, Jaime Agustín Recinos (William), quien afirmó que junto con Bámaca permanecían en poder del ejército otros 35 rebeldes, a quienes el ejército sometía a torturas. Dados los antecedentes, la cooperación total de Bámaca, de la que habla el cable CIA-288388, puede presumirse incentivada por largas sesiones de tortura, pues prestó detalles internos de la organización dentro de la cual militaba de un alto valor para inteligencia militar. El cable de la CIA cita que Everardo informó a sus captores:

“..that the last arms shipment to ORPA from the Cubans arrived in Guatemala, six months ago. It was large enough to allow the Luis Ixmatá Battalion, wich has a total strenght of 95 armed individuals, to replace all of its M-16 rifles with soviet AK-47 rifles. The weapons, ammunition, and associated equipment were smuggled trough Mexico via private vehicles. He claimed Cuba is also still providing training to ORPA guerrillas.”

El cable aporta otros datos interesantes, por ejemplo, que la ORPA, hasta la caída del bloque soviético en Europa, había utilizado armamento de origen norteamericano obtenido en el mercado negro. El agente de campo afirma a sus superiores: “The Guatemalan army has captured a number of AK-47’s and other Soviet weapons and has assumed they had been donated by or purchased from Salvadoran guerrillas or arms traffickers. The Guatemalan guerrillas had always been armed in the past with mostrly non-soviet bloc arms.”

Efraín Bámaca resultó de gran valor para la D-2, en el cable de la CIA se apuntan los datos que proveyó a sus captores, algunos comprometiendo gravemente a la organización:

“Everardo has a card from a Mexican Government social welfare agency, the state-owned National Food Distribution Company -CONASUPO, wich allows him to purchase subsidized food for use by ORPA guerrillas. [Espacio tachado] ORPA is entirely supplied from Mexico and [tachado] he himself communicates with the ORPA command in Mexico every day to receive instructions. He also has a student identification from a Mexican University…”

El cable termina con los párrafos 4 y 5, legibles y el 6 totalmente tachado. El texto desclasificado desnuda el debilitamiento que aquejaba a la ORPA luego de que su cúpula directiva dirigiera la guerra desde hoteles 5 estrellas en México y Europa, pues a decir del comandante Everardo: “…ORPA commander Gaspar (Ilom) has not visited the fighting fronts in Guatemala for four years, a fact that has caused some discontent in the ranks”, detalle que pusieron al descubierto con posterioridad Palma Lau y Santa Cruz en sus libros de memorias de la guerra.

La enrevesada trama de Everardo y su nunca establecido destino final, se explica en el terrible párrafo final del cable de la CIA, en el que se apunta: “…(Source comment: Everardo continues to cooperate with the army, wich will probably keep news of his capture secret, or even claim that he was killed, to maximize his intelligence value. In the past, guerrillas who have agreed to cooperate are usually assigned to work with the Guatemalan Military Intelligence Service. They live and work on army bases, help with intelligence reports, and identify guerrilla suspects.)…”

Años después supimos del teniente coronel Alpírez, quien pasó décadas proveyendo información a la Agencia estadounidense a cambio de honorarios. Se hizo espía de su institución luego de recibir el curso de contrainsurgencia en la terriblemente afamada Escuela de Las Américas, ubicada entonces en Fort Benning, Georgia.

El entuerto de Bámaca, se cerró oficialmente con la presunción de su muerte y el arrojamiento de su cadáver al cráter del Volcán de Fuego o a las aguas del Océano Pacífico. Pero, a la luz de estas lecturas a posteriori, tanto de los testimonios de quienes lo vieron vivo meses después de su captura, como del contenido del cable de la CIA, parece que no ha sido solucionado del todo. Podría aventurarse otra suposición: si Bámaca cooperó eficientemente con el ejército, bien pudo ser premiado por el anonimato, destinado a una vida en el extranjero o en el interior del país, o bien otro terrible destino al que no tenemos siquiera capacidad de imaginar.

PS. El cable de la CIA puede consultarse en www.foia.cia.gov.

Un pensamiento en “Los estertores de la guerra: Guatemala, 1992 (Segunda parte).

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