“No hay marqués migrante”. Parte II

Habíamos comentado en el post anterior de la creencia de muchas personas de pertenecer a los estamentos nobiliarios españoles, y que quizá en respuesta a estas extendidas pretensiones, el doctor Ricardo Sotomora von Ahn escribió un interesante artículo que ocupó la portada de la revista Crónica.

Los hechos que nos relata el doctor Sotomora eran de conocimiento de los pocos investigadores nacionales y extranjeros que se dedican a la intrincada rama de la genealogía, y que se pasan horas desenredando las redes de relaciones familiares de los antepasados de quienes habitamos hoy esta hermosa tierra. Así, terminamos por saber que los únicos que podrían reclamar (por razones de orgullo personal, si es el caso) provenir de linajes aristocráticos, son los descendientes de ciertas grandes familias indígenas incorporadas al sistema de privilegios español.

La afirmación del doctor Sotomora es contundente:

“…En la actualidad no hay nadie en Guatemala que pertenezca ni a la realeza ni a la grandeza española. Que yo sepa, el único Título de Castilla vigente en el país es el Marquesado de Vistabella, ostentado ahora por doña Julia Stella Aparicio Saravia (y Conde) de Ortega, la sexta marquesa….”

Afirmación que en su momento habrá desinflado muchos sueños acariciados por demostrar parentela pasada ilustre a la que son adeptos muchos paisanos. Pretensiones que en todo casó habrían tenido sentido en la España imperial, pero que son completamente anacrónicos en la Guatemala republicana, pues estos títulos:

“…[Ser hidalgo] era de gran importancia, pues, además del orgullo personal de ser un ‘hijo-de-algo’, o sea pertenecer a un linaje conocido, tenía grandes ventajas legales, sociales y económicas. Por ejemplo, se les eximía de pagar el tributo, al que estaban sujetos los plebeyos o ‘pecheros’…”

Pero estas ventajas nobiliarias fueron derogadas tras la fundación de la república federal, pasando a ser más temas de historiadores y románticos que ventajas sociales y económicas reales. Aspecto que subraya su autor cuando comenta:

“…ya que la Constitución en vigor no otorga privilegios a segmentos sociales específicos ni incluye derecho nobiliario, la nobleza como clase social no existe legalmente en el país. Por lo que se puede concluir que para la gran mayoría de guatemaltecos, haber tenido ascendientes aristócratas únicamente tiene valor de historia familiar…”

El artículo no lo plantea directamente, pero yo he querido hacer un hincapié en un punto, y es precisamente la frase que ha dado título a estas entradas. Pertenece al historiador, genealogista y especialista en heráldica, Ramiro Ordóñez Jonama, y encierra la verdad total de la migración: nadie migra de su país a otro, por ser rico, sino todo lo contrario. La migración es más bien una salida para dificultades, no una decisión lujosa. En términos generales, toda migración obedece a motivos de superación, sean originados por situaciones de guerra como los refugiados, temas de política como los expatriados o la búsqueda de mejores oportunidades. Nadie migra (salvo en pequeñas ocasiones) por placer, a menos que se trate de un retiro dorado tras toda una vida de trabajo.

El artículo del doctor Sotomora tocaba en su momento una fibra sensible en la psicología del guatemalteco, que tiende a invocar remotos pasados peninsulares para el origen familiar, y de paso nos muestra que el proceso de conquista aún no ha sido estudiado ni asumido en su complicada realidad. Pues, si bien para unos se trató de dominación política, para otros (no pocos) se trató de un pacto político del que salieron beneficiados. Sin duda, un aporte más para entender un fragmento de nuestra complicada realidad.

 

 

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