Un año cualquiera

Crónica, además de un semanario de análisis político, era un importante difusor cultural de literatura, cine e historia. Uno de sus números del mes de agosto de 1989, presenta un reportaje ¿Cómo era Guatemala en 1939? El texto inicia así:

“A principios de septiembre de 1939, estallaba la II Guerra Mundial. Por entonces, la Nueva Guatemala de la Asunción era una ciudad pequeña, de unos 200,000 habitantes con aspiraciones de gran capital. Cincuenta años después, Crónica visita aquellos plácidos rincones preñados de nostalgia y melancolía.”

Se vivía bajo la dictadura del general Jorge Ubico, del que la mayoría recuerdan el ambiente de orden y respeto a la ley que imperaba, incluso algunos suspiran por aquellos años perdidos. Otros, los pocos según me consta, se quejan de su autoritarismo, de sus excentricidades, de la aplicación de la “ley fuga”, de las persecuciones y torturas. Basta hojear el libro Ombres contra Hombres de Efraín de los Ríos para asomarse a las cloacas del orden impuesto. Será que nadie se metía en política y preferían el orden a la libertad…

“La ciudad tenía su antigua nomenclatura. A partir de la octava calle, se definían el norte, hacia la primera calle y el sur, hacia la 18. El poniente, de la misma sexta hacia la avenida Elena y el oriente, de allí hacia la décima avenida. Esta nomenclatura era moderna pero la gente aún conocía las calles por sus nombres: El callejón de la Cruz, en la cuarta avenida norte, el de la Soledad, dos avenidas más arriba, o el Callejón del Fino, que va a topar hoy al que fue el Imparcial, en la 10ª calle y 7ª avenida ‘A’…”

El texto venía acompañado de fotografías en blanco y negro representando una ciudad en orden y poco poblada. Llama la atención una del interior del edificio de la Facultad de Derecho de la Universidad San Carlos, hoy en día sede del MUSAC. En la imagen se ve a un grupo de estudiantes alrededor de la fuente, entre los que destaca una figura femenina. Detenerse a observar la moda de la época es un deleite. Otra imagen hermosa es la de la Fuente Luminosa del Parque Centenario, en contraste con el cielo. El ejercicio de la revista pretendía explorar el pasado y permitir un espacio de reflexión. Pensar y repensar el país, buscando en sus raíces históricas el origen de nuestra nacionalidad, de nuestros problemas, de nuestro orgullo y de nuestro estado que pendula entre la modernidad y el atraso. El paseo nos lleva a una ciudad que es difícil de imaginarnos ahora, sumida en el denso tránsito y las prisas de la vida cotidiana.

“Alrededor del asentamiento urbano, de menos de 200,000 habitantes, había grandes fincas hoy convertidas en colonias, a donde grupos familiares de capitalinos iban de paseo. En esos lugares, eran frecuentes los días de campo. A las piscinas y fuentes de Lo de Bran, construidas en sociedad por los miembros de esa familia, acudían nadadores como Walter Peter y eran las favoritas de los jóvenes de aquel sector. Algunos preferían hacer un paseo más largo y entonces iban hasta El Estanque, en lo que entonces era la lejana aldea El Chato, en los límites de la zona 18…”

Los textos nos remiten a una ciudad de atmósfera bucólica. Había pocos vehículos, todavía circulaban por las calles carretas, pocas vías estaban pavimentadas. El año elegido para retratar a la ciudad no fue antojadizo, ese año empezó el esfuerzo de Ubico por desarrollar la infraestructura urbana de la ciudad, con la pavimentación de sus principales arterias y de no pocos edificios públicos que hoy se levantan hermoseando el Centro Histórico, como el Palacio de Correos y Telégrafos con su soberbio arco que atraviesa la doce calle, el Palacio de Sanidad Pública, la central del Aeropuerto La Aurora, el Palacio de la Policía Nacional (hoy sede del Ministerio de Gobernación), el actual Palacio Legislativo y la Corte Suprema de Justicia.

El viaje propuesto es un respiro. Unos momentos de gozo para la imaginación y el sentido de la vista. Un importante esfuerzo para la reflexión histórica. Un texto recomendado para un viernes por la tarde, antes de apagar la computadora y entregarse al descanso del fin de semana, para reflexionar y pensar esos tiempos que no por pasados fueron necesariamente mejores. Pero de eso se trata, de pensar la historia.

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